Hábitos Extraños

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No soy amigo de las cadenas pero voy a hacer una excepción en este caso. Por dos motivos: porque me la ha pasado mi camarada Muad’Dib que no sabe nada de mis fobias en este terreno y porque me he divertido muchísimo en las últimas semanas leyendo las respuestas de bloggers a los que ahora considero un poco menos respetables ;-P

En cualquier caso y para ser un poco consecuente con mis principios, constestaré a la cadena pero convirtiéndola en una vía muerta y sin retorno. Vamos, que no voy a ‘joder’ a nadie más pasándoselo… ;-)

Y ahora sí, aquí van 5 de mis hábitos que otros podrían considerar extraños (para mi son normalísimos, entendedme):

  • Orden (y concierto). No me siento cómodo entre el desorden caótico, pero tampoco en el orden absoluto: necesito un término medio para sentirme cómodo. Me refiero, claro, a los ámbitos en los que vivo (mi casa, la oficina…). Cuando todo está púlcramente ordenado me da la sensación de que se trata de un escaparate y si hay demasiado desorden me bloqueo y no se adonde acudir, así que he desarrollado una especie de piloto automático y totalmente insconciente que, al tiempo que hago cualquier otra cosa, ordena o desordena ‘ligeramente’ las cosas. ¿Tendría futuro si lo patento?

  • Algorítmica. Me encanta cocinar y me relaja muchísimo meterme en la cocina pero desgraciadamente soy muy poco creativo, posiblemente por inseguridad. Puedo improvisar pero no me acabo de sentir agusto. Para que me sienta cómodo necesito seguir ‘el algoritmo’, tener todos los ingredientes y pesarlos o medirlos antes de usarlos. Eso si, hago verdaderas maravillas y todas, todas, perfectamente repetibles.
  • Necesito mangas cortas… para saber que todo va bien. O algo así decía la canción de…. ¿de quien diablos era?¿Tequila?¿Los Elegantes? No lo recuerdo… era la época de “Aplausos”… bufff… que viejo soy ya! La cosa es que no se si por influencia de aquellos años (o por cualquier otra cosa), soy incapaz de hacer nada sin ‘arremangarme’. Casi nunca llevo camisas de mangas largas (y cuando las llevo tardo menos de 10 minutos en levantarme las mangas) y tengo todos los jerseys y sueters con las mangas ‘dadas de si’ de subírmelas hacia arriba.
  • Olores. Tengo un olfato finísimo y me dejo llevar tanto por este sentido como por la vista. Desconfío de la gente cuyo olor no me gusta (no sólo si huelen mal, ojo, sino también si no me gusta su perfume y/o colonia) y lo paso francamente mal en los autobuses y metros llenos de gente los días de verano.
  • Sabores. Es otra de las reminiscencias de nuestro pasado animal por la que me dejo llevar. Disfruto muchísimo comiendo y probando nuevas comidas (si hay algo que no conozco en la carta de un restaurante es muy probable que lo pida) y desconfío de esas personas que parece que comen exclusivamente por necesidad y aseguran que “cuando inventen unas pastillas para comer como los astronautas será una maravilla”. Espero que si ese día llega alguna vez mantengamos “restaurantes de antiguedades”.
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Cine en enero

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Uno a cero. Tras la entrega de los premios Goya me quedé bastante satisfecho por dos motivos: porque ganó mi favorita (la vida secreta de las palabras, que vi a principios de este mes) y porque había visto casi todas las películas que me interesaban (Tapas, creo, es la única que se me ha ‘escapado viva’). Ahora bien, cuando salió publicada la lista de candidatas a los Oscar casi me da una depresión: ¡no he visto prácticamente ninguna! Voy a tener que ponerle remedio…

Este mes entre estrenos, pescas y repescas he visto las siguientes cintas:

      

  • El Reino de los cielos. Nada que me sorprendiera, la verdad. Ridley Scott se ha convertido por derecho propio en el Cecil B. deMille de la actualidad y destaca por su maravilloso e inigualable sentido de la acción. Por lo demás una historia flojilla y una interpretación normalita…

  • The Commitments He aprovechado la colección de cine europeo de El País para adquirir y volver a ver esta peli del genial Alan Parker… Me costaría mucho elegir cual es mi cinta favorita del señor Parker (Arde Mississippi, Harry Corazón de Ángel, Birdy…). La fabulosa banda sonora es otro punto a favor de este film.
  • La vida secreta de las palabras Me gustó más la anterior película de Isabel Coixet (Mi vida sin mi) pero sin desmerecer esta esta historia, merecidísma ganadora de los Goya de este año. Me gusta como está contada, Tim Robbins está soberbio y quizás, quizás, lo único que me dejó un mal sabor de boca es lo poco desarrollados que están los personajes secundarios.
  • Vías Cruzadas. ¿Por qué diablos haran estas cosas al traducir los títulos de las películas al castellano? The Station Agent es una maravillosa peli de “personajes” con una historia singular y unos protagonistas fabulosamente construidos. Pasó sin pena ni gloria por las salas (a pesar del escandaloso ramillete de premios que cosechó) y, ya casi olvidada, la encontré esta misma semana en la sección de DVD de la biblioteca de Mortatalaz.
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Hay algo que no es como me dicen

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Llevamos años oyéndolo: Microsoft apuesta por la seguridad. Yo creo que la primera vez que lo escuché fue tras aquel famoso comunicado interno que Bill Gates, allá por el año 2002, envió a toda su plantilla y que se difundió a lo largo y ancho de este mundo. Desde entonces los medios afines a la empresa de Redmon nos repiten lo mismo una y otra vez a ver si a fuerza de escucharlo nos lo creemos. Pero nada ha llovido mucho desde aquel momento y se ve que no hay manera. Las recientes vulnerabilidades descubiertas en torno a las betas de sus “productos estrella” para este año (Internet Explorer 7. OneCare y Windows Vista) demuestrán, además, que o bien no tienen ninguna intención de cambiar o el éxito les ha convertido en una empresa tan ‘pesada’ que no son capaces de hacerlo.

Parémonos en primer lugar en la reciente vulnerabilidad en torno a los archivos WMF y que, aunque Microsoft no ha tratado de airearlo mucho ocultándolo en el boletín oficial que emitió, lo cierto es que esta vulnerabilidad afectaba también a la beta de Windows Vista. Independientemente de toda la polémica surgida en torno a ella, hay algo de lo que no se ha hablado y que a mi me parece muy significativo: Microsoft declaró que conocía la existencia de esa vulnerabilidad desde hacía años. Entonces ¿cómo es posible que fuese portada a la beta de su nuevo sistema? Desde luego es difícil creer que una empresa que actúa así esté especialmente motivada por la seguridad de sus productos.

Después de esto y en apenas un mes hemos tenido un par de nuevos ‘problemillas’: uno de ellos afecta a la beta de Microsoft OneCare, una suite de seguridad que pretenden lanzar durante este año. Los expertos que han analizado dicha beta (e imagino que lo habrán hecho a conciencia puesto que aquí Microsoft arremete contra un floreciente negocio que ha crecido a su sombra y les ha dado mucho dinero) han advertido que el cortafuegos de dicha suite permite en su configuración por defecto que cualquier aplicación firmada digitalmente o que use la máquina virtual java tenga acceso a Internet. En este caso se trata claramente de un error de diseño gravísimo: “cualquier cortafuegos, cualquier dispositivo de seguridad, debería de denegar el acceso por defecto” ha declarado Mark Curphey, vicepresidente de Foundstone. Se trata de algo tan evidente para cualquiera que trabaje o conozca el mundo de la seguridad que casi parece estúpido tener que decirlo.

Por último, tenemos un fallo que podría posibilitar la ejecución de código de forma remota y que afecta nada más y nada menos que a la beta de Internet Explorer 7, un producto que, se supone, debería de estar especialmente mimado por los de Redmon debido a la sangrante pérdida de mercado que está sufriendo a manos de Firefox. Microsoft contesta con lo de siempre: que se preocupan mucho por la seguridad, que ya sabían que ese error existía (¿cómo diablos sacas la beta entonces sin advertirlo?), que no está tan claro que se pueda ejecutar código remoto y que no es correcto que la gente vaya por ahí aireando sus trapos sucios sin enseñárselos a ellos antes para que puedan enterrarlos convenientmente.

Tenemos, pues, tres errores, tres, en torno a los futuros nuevos lanzamientos de los de Redmon. Uno debido a la reutilización de código mal diseñado, otro debido a un error conceptual de diseño y un tercero que repite los mismos fallos de siempre en un desarrollo nuevo… ¿es esta la forma de actuar de una empresa que se preocupa por la seguridad?

Y no me canso de repetirlo: a todos, incluso a los que tratamos de no usarlo, nos interesa que Microsoft desarrolle productos seguros porque por culpa de estas meteduras de pata tenemos que convivir con el spam, con gusanos que saturan el tráfico de redes completas, y con decenas de problemas en el trabajo que no nos dejan ocuparnos de lo que realmente nos interesa. Repito: no me gusta el software de Microsoft pero quiero que, de una vez por todas, se tomen en serio la seguridad de sus productos.

(Espero que Juanjo Millás no se moleste por haber tomado prestado para este post el título de su excelente trabajo sobre el caso de Nevenka Fernández).

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