Alibi Network, una empresa que fabrica excusas

Josemaría | 22 de mayo de 2006 | 2 comentarios

Se acabaron los divorcios por infidelidades. Ahora al que pilla su pareja es porque él (o ella) se deja. O porque es un tacaño, porque soluciones, si estás dispuesto a pagarlas, las hay. Y sin tener que recurrir a ese amigote indiscreto que acabará lléndose de la lengua después de un par de cervezas y en el momento más inoportuno…

Alibi Network es, según dicen ellos mismos, una empresa de servicios que proporciona coartadas, excusas ante ausencias y, en general, asistencia frente a “asuntos delicados”. Pero ¿qué tipo de asuntos delicados? Con uno de los muchos ejemplos que ellos mismos ponen en su web se ve más fácil. Imaginate que te lo quieres montar para irte en el puente de Semana Santa al Caribe con esa secretaria que tras semanas de asedio por fin te ha hecho caso. Nada más fácil: Alibi te proporciona el programa de un bonito seminario a gusto del consumidor, te envía a tú casa las tarjetas de embarque (a París, por ejemplo, para no levantar las mínimas sospechas), te proporciona un teléfono donde durante las 24 horas alguien simulará ser el recepcionista de tú hotel (con un perfecto acento de la Rive Gauche, por supuesto), te proporcionarán fotos con otros compañeros del seminario (todos de chaqueta y con aspecto de aburridos), tickets, un diploma acreditativo, regalos de merchandising e, incluso, redireccionaran tús llamadas a través de un teléfono francés para que ni siquiera ese engendro del demonio que es el identificador de llamadas pueda delatarte. Vamos que tú de lo único que tienes que preocuparte es de no coger una gonorrea y de no hablar demasiado en sueños…

¿Quién dijo que ya estaba todo inventado?

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Carta abierta a Benedicto XVI

Josemaría | 22 de mayo de 2006 | 5 comentarios

Publicada en La República a raíz de la recepción del nuevo embajador españor en la Santa Sede

Al Señor Don Joseph Ratzinger (también llamado Benedicto XVI)
Jefe del Estado Vaticano Ciudad del Vaticano

Estimado señor:

He sabido que hoy, en la recepción de cartas credenciales del Embajador de España ante la Santa Sede ha manifestado Vd. su respetable opinión sobre la regulación legislativa que tienen en España el matrimonio, la educación y el aborto.

Como ciudadano español, entiendo que, en aplicación del principio de reciprocidad, leerá Vd. gustoso mis opiniones sobre algunas regulaciones legislativas y práctica ordinaria del poder ejecutivo en el Estado Vaticano.

La imposibilidad de que las mujeres accedan al cargo que Vd. ocupa, así como a la mayor parte de los altos cargos, reservados para cardenales, obispos, presbíteros y diáconos, es una violación efectiva de los artículos 2 y 7 de la Declaración de los Derechos Humanos.

El hecho de que la persona que ocupa su cargo, así como los miembros del colegio cardenalicio, pierdan automáticamente su cargo si contraen matrimonio es contraria a lo que dispone el artículo 17 de la Declaración de los Derechos Humanos.

El hecho de que la totalidad de los funcionarios de la administración que Vd. dirige (incluyendo las fuerzas policiales) tenga la obligación de profesar la religión católica infringe los artículos 2, 7, 12 y 18 de la citada Declaración.

El monopolio estatal de los medios de comunicación en el Estado que Vd. gobierna muestra que, en la práctica, el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos no está siendo aplicado en el Estado Vaticano.

La ausencia de elecciones periódicas en las que participen todos los ciudadanos de su Estado me permite afirmar que el artículo 21 de la Declaración tampoco está siendo de aplicación en ese Estado.

Finalmente, el poder absoluto que ejerce Vd. en el Estado Vaticano, que incluye el nombramiento de los órganos de justicia, hace de imposible aplicación el artículo 10 de la misma Declaración.

Sr. Papa, confío en que tenga en cuenta mis palabras, no dictadas por ninguna divinidad, sino por el deseo de que en todos los pueblos de la Tierra los Derechos Humanos sean una realidad, y promueva pronto las reformas legislativas que conduzcan en su país a la efectiva separación de poderes, a la instauración de la democracia como régimen de gobierno, a la ausencia de discriminación sexual y religiosa, a la libertad de expresión y a la libertad para contraer matrimonio sin que ello conlleve la pérdida de dignidad política alguna.

Quizá, cuando se resuelva lo anterior, en otra carta futura me refiera a la libertad de educación para que los padres vaticanos puedan inscribir a sus hijos en colegios laicos, de la libre disposición de su cuerpo por parte de monjas y seglares vaticanas, para que puedan abortar libremente, y de la libertad de orientación sexual para que todos los ciudadanos vaticanos, incluyendo desde luego a los cardenales y obispos y a Vd. mismo, puedan contraer matrimonio, si así les place, con alguien de su mismo sexo.

Le agradecería mucho que me comunicara las iniciativas que tenga pensado abordar para la mejora de los Derechos Humanos en el Estado Vaticano.

Reciba Vd. un atento saludo,

Javier Sampedro Vaca

El enlace original a la carta aquí.

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