FON: ¿Una idea brillante, un negocio, otra burbuja?

FonMartin Varsavsky es un empresario singular, de eso no me cabe la menor duda… Hoy me he llevado una sorpresa con la nueva aventura en la que se ha embarcado y que publicita desde su bitácora personal. Se trata de una idea que bebe directamente de las comunidades ciudadanas de WiFi pero transformándolo en un negocio bastante particular. Y todo ello aliñado con unos roles bastante divertidos… y apropiados, todo hay que decirlo.

La empresa se llama FON y el negocio consiste en compartir el ancho de banda ‘sobrante’ de tú ADSL (o conexión a internet vía cable) para dar acceso WiFi (de datos y de voz en un futuro) a otras personas. Os suena ¿no? Nada nuevo hasta aquí. Lo original de la idea se presenta a través de los distintos roles mediante los cuales puedes participar en la aventura.

Un primer rol sería lo que el llama un Linus, una persona que comparte altruistamente su ancho de banda y, a cambio obtienen acceso gratuito, a los servicios de la red. Al segundo rol lo llaman Bill. Los usuarios de este tipo son los que quieren sacar ‘tajada’ de su participación en la red y obtendrán, en metálico, el 50% de los beneficios que genere el consumo de la gente que se conecte a través de su punto de acceso. Por último están los Guiris o Gringos que son los que usaran la red sin ofrecer nada a cambio y deberan de pagar por ello. Está todo mucho mejor explicado en la sección de FAQ de la página.

No me pronuncio en absoluto sobre el negocio. Como queda claro en el titular de la entrada no se aún que pensar al respecto… Me parece una idea innovadora y, por el momento, me he apuntado aunque sólo sea por el mero interés de estar al tanto de la evolución que presenta esta idea de primera mano. Como un señor Linus, por supuesto…

Kat vs. Beagle, la verdad sobre perros y gatos

herramientas Recientemente me he enterado de la existencia de un nuevo proyecto de software libre para la indexación y búsqueda de documentos en equipos locales. Está patrocinado por Mandrake (me niego a usar el infame nuevo nombre de la distribución), está orientado a escritorios KDE y se llama kat haciendo un guiño, quiero imaginar, al otro gran proyecto de indexación y búsqueda que se llama beagle y está más orientado a usuarios de Gnome.
Hacía tiempo que me ‘peleaba’ con beagle pero más pensando en seguirlo de cerca como opción de futuro que como una herramienta útil en la actualidad. Beagle se encuentra aún, a mi juicio, en una fase prematura para usarlo en un entorno de escritorio productivo y tiene muchas limitaciones: como ya he dicho está muy orientado a Gnome y a Evolution (recientemente han añadido soporte para Kmail pero sigue sin soportar Thunderbird), tiene excesivas dependencias de librerías externas que provocan problemas y errores en el funcionamiento de la herramienta y en la estabilidad de la máquina al realizar algunas actualizaciones, etc.
Este fin de semana he estado jugando con kat y me he encontrado algo similar: es un proyecto prometedor pero aún en una fase temprana. No parece tener tantas dependencias de librerías externas como beagle pero si usa una decena de programas auxiliares, la mayoría de los cuales me son tan ajenos que casi me daba reparos instalarlos en mi máquina, algunos tan desconocidos que me resultó difícil encontrar no ya un rpm para instalar sino incluso unos fuentes moderadamente recientes para compilarlos (imagino que esto cambiará a medida que la herramienta se popularice). El funcionamiento tampoco parece aún muy estable.
Más diferencias que saltan a simple vista: beagle tiene un puñado de herramientas en línea de comando para configurar su funcionamiento, controlar el estado del demonio, diversas opciones para realizar búsquedas (a través de una ventana gráfica, en línea de comando, a través de una interfaz web…) y un plugin para Firefox con el que incluir el histórico de las páginas por las que hemos navegado en el índice de búsquedas. Kat sigue más la ‘filosofía Mandrake‘ y sorprende con un cómodo e intuitivo asistente para su configuración y no parece tener tanto soporte para ser usado en línea de comando. Tampoco indexa, por el momento, los históricos de ningún navegador ni parece integrarse con programa de correo alguno.
Los tipos de ficheros soportados por una y otra herramienta es algo muy importante a la hora de elegir: en las páginas de ambos proyectos se encuentran con facilidad las lista correspondientes a cada uno, así que no me paro transcribirlas aquí. Ambos programas extraen información, no sólo de los nombres y el contenido de los ficheros sino también de los meta-datos de algunos de ellos.
Y bueno, al final una última diferencia triste pero muy real: kat está apoyado por Mandrake y eso significa que tiene dinero detrás, mientras que beagle siempre me ha parecido un proyecto más personal, así que cabe prever que el minino tendrá un desarrollo futuro mucho más rápido que su competidor… mis preferenicas hacía KDE frente a Gnome me hacen reafirmarme en esta apuesta. Al menos en mi escritorio.
En definitiva, ninguno de ambos proyectos puede llegar aún a compararse al Google Desktop de los escritorios windows o, según me cuentan, el Spotlight de los Mac OS X pero dentro de muy poco tiempo, al ritmo en que evolucionan ambos productos, tendremos a nuestra disposición una estupenda herramienta de indexación y búsqueda en nuestros escritorios LINUX. Y lo que es más, podremos elegir cual es la más apropiada para cada uno de nosotros.
Y, ya que estamos, me permito recomendaros una peli a la que hago referencia en el título de la entrada y que pasó por nuestro país sin mucha gloria: the truth about cats & dogs (la verdad sobre perros y gatos). No me suelen gustar las comedias y mucho menos las comedias románticas pero aquí tanto Uma Thurman como mi querida Janeane Garofalo están sinceramente deliciosas y la historia no empalaga demasiado… ya me contais.

Migraciones y migrañas

linuxLa semana pasada durante el descanso de un curso salió a debate uno de esos temas en los que sigue sorprendiéndome la postura de administradores de sistemas curtidos en mil batallas pero que siguen teniendole miedo a una eventual migración a LINUX no ya de los servidores (yo creo que eso está superado en mayor o menor medida) sino de los escritorios.

Cuando la conversación sale en un círculo adecuado en el que no hay gente que siente miedo a lo desconocido y pereza por aprender cosas nuevas (en estos casos la conversación me aburre tanto que ni siquiera suelo argumentar nada) el problema que suele plantearse siempre es el del usuario ¿se acostumbrará fácilmente?¿asimilará el cambio?¿bajará su productividad? Nadie ve problemas de calidad ni de funcionalidad, sino que las excusas suelen derivarse hacía la capacidad de adaptación del usuario.

A mi este tema siempre me coge de sorpresa ¿porqué se le tiene tanto miedo al usuario?¿se le mima demasiado?¿se le tiene miedo?¿tal vez se le infravalora? Yo en estos casos suelo contar siempre una de las migraciones más difíciles que he tenido que realizar. Y no, no era hacia LINUX, sino, aunque os parezca raro, hacía Windows

Os hablo de 1994. Hace ya mucho, mucho tiempo: los primeros Windows de la familia NT comenzaban a presentar batalla, Novell Netware empezaba a perder terreno y en los círculos profesionales intuíamos ya que OS/2 iba a tener muy poca historia. Yo había entrado a trabajar en una “importante empresa del sector editorial” para hacer un experimento piloto: querían migrar su sistema de edición a nivel nacional desde un sistema dedicado llamado LATEX a Windows NT 3.5 y QuarkXPress. El cambio, como os podeis imaginar, era brutal: se trataba de pasar de un sistema con teclados multifuncionales especificamente diseñados para una labor concreta, sistemas con pantallas de fósforo verde y usuarios de una edad media de más de 40 años que no sabían ni lo que era un ratón (prometo haber visto a más de uno sujetándolos con las dos manos hasta llevarlo a su destino) a un sistema windows. Hablo, además, de una época en la que la microinformática no era algo tan común como lo es hoy y, posiblemente, aquellos usuarios se enfrentaban por primera vez en su vida a un entorno gráfico. Y lo hacían con muy pocas ganas, todo sea dicho.

Y sin embargo se hizo. Y con menos problemas de los que ninguno os podeis imaginar. Las cosas se hicieron bien. Yo por aquellos entonces era muy jovén, tenía poca experiencia y prácticamente asistía como espectador así que no puedo atribuirme ningún mérito en la migración y puedo hablar de ello sin verguenza ni falsas modestias: el nuevo sistema se montó en paralelo al anterior, se dieron cursos de formación realizados por verdaderos profesionales (recuerdo con cariño a Lázaro, un cubano encantador que fue el encargado de ello), se hicieron un par de ‘números cero’ previos al estreno y cuando llegó el día señalado el diario (si, se trataba de un periódico de tirada nacional) salió a la calle sin ningún contratiempo.

Plantearos ahora el caso que nos ocupa: una migración de escritorios windows a linux. Plantearoslo en un entorno mucho menos crítico del que os he narrado: usuarios más jóvenes, acostumbrados a trabajar en un entorno gráfico muy similar, con necesidades menos especiales, con un modelo de negocio menos crítico ¿realmente lo creeis tan difícil? A lo mejor es que a mi, después de aquello, el resto de las migraciones que me ha tocado vivir siempre me han resultado fáciles pero os aseguro que si el ser humano ha pasado del bolígrafo y la libreta al ordenador, fácilmente puede adaptarse a pulsar un icono en el que hay una letra K mayúscula en lugar de un botón en el que pone inicio.

Dejémos, pues, de poner al usuario como excusa.